La cabeza se me llena de
pensamientos, emociones ,sentimientos, vivencias, sueños...me desbordan y no
puedo controlarlos por más que lo intento.
A veces camino con rumbo fijo, otras me siento perdida en un bosque donde los altos robles no me dejan divisar más allá del horizonte.
Busco incesantemente mi lugar en el mundo, ese huequecito que me toca ocupar, aquí, allí, donde sea, donde me encuentre en paz conmigo misma, donde si grito mi voz llegue al firmamento junto a las estrellas, donde reine el silencio y la tranquilidad, donde pueda hacer lo que quiera sin pensar que estarán pensando los demás de mi, para expresarme tal y como soy, para ser yo misma sin que me juzguen, para cumplir mis sueños, mis metas...para vivir y ser feliz.
Y sigo buscando, más aquí, más allí, de repente suena una melodía, una canción conocida que me embriaga de emoción como el primer día y me ayuda a descubrir un poquito más mi huequecito en el mundo. El transcurrir del tiempo me gusta porque sé que con los años, me siento más fuerte, más libre, capaz de lograr mis deseos y sueños y capaz de tener la justa sabiduría para no dejarlos escapar.
En la búsqueda de mi lugar en el mundo, acaban etapas para empezar nuevas, siempre buenas y enriquecedoras, compartiendo esas pequeñas cosas con la gente que está a nuestro alrededor, personas que llevan años a nuestro lado y otras que conocemos en el camino y que nos hacen sentir bien por su pura presencia. Esas personas quizá se queden a nuestro lado de por vida, quizá escojan otro camino, pero habremos tenido el placer de compartir pequeños momentos.
Cada persona es diferente, por eso se hace tan especial e interesante poder compartir pequeños trocitos de nosotros, porque cada uno somos pedacitos de los demás, siempre hay pequeños rinconcitos en nuestro corazón para acoger a nuevos invitados en nuestra vida.
Cada uno somos la pura esencia de lo que tenemos, de lo que sentimos, de como vivimos, de como aprendemos y de como queremos.
Nos damos cuenta que el camino a la madurez es difícil, nos agobia tan sólo pensarlo, sin embargo algo de nosotros se alegra, de haber crecido, haber aprendido, haber conocido, haber amado...porque todos los momentos son especiales, se aprende de cada uno de ellos.
Algunos han encontrado ese lugar que tienen que ocupar, otros seguimos buscando nuestro huequecito, disfrutando al máximo de todo lo que nos sucede, las palabras, las emociones, las personas...seguiré con firmeza las señales de mi destino, allá donde me lleven depositaré mi alma y mi corazón.
A veces camino con rumbo fijo, otras me siento perdida en un bosque donde los altos robles no me dejan divisar más allá del horizonte.
Busco incesantemente mi lugar en el mundo, ese huequecito que me toca ocupar, aquí, allí, donde sea, donde me encuentre en paz conmigo misma, donde si grito mi voz llegue al firmamento junto a las estrellas, donde reine el silencio y la tranquilidad, donde pueda hacer lo que quiera sin pensar que estarán pensando los demás de mi, para expresarme tal y como soy, para ser yo misma sin que me juzguen, para cumplir mis sueños, mis metas...para vivir y ser feliz.
Y sigo buscando, más aquí, más allí, de repente suena una melodía, una canción conocida que me embriaga de emoción como el primer día y me ayuda a descubrir un poquito más mi huequecito en el mundo. El transcurrir del tiempo me gusta porque sé que con los años, me siento más fuerte, más libre, capaz de lograr mis deseos y sueños y capaz de tener la justa sabiduría para no dejarlos escapar.
En la búsqueda de mi lugar en el mundo, acaban etapas para empezar nuevas, siempre buenas y enriquecedoras, compartiendo esas pequeñas cosas con la gente que está a nuestro alrededor, personas que llevan años a nuestro lado y otras que conocemos en el camino y que nos hacen sentir bien por su pura presencia. Esas personas quizá se queden a nuestro lado de por vida, quizá escojan otro camino, pero habremos tenido el placer de compartir pequeños momentos.
Cada persona es diferente, por eso se hace tan especial e interesante poder compartir pequeños trocitos de nosotros, porque cada uno somos pedacitos de los demás, siempre hay pequeños rinconcitos en nuestro corazón para acoger a nuevos invitados en nuestra vida.
Cada uno somos la pura esencia de lo que tenemos, de lo que sentimos, de como vivimos, de como aprendemos y de como queremos.
Nos damos cuenta que el camino a la madurez es difícil, nos agobia tan sólo pensarlo, sin embargo algo de nosotros se alegra, de haber crecido, haber aprendido, haber conocido, haber amado...porque todos los momentos son especiales, se aprende de cada uno de ellos.
Algunos han encontrado ese lugar que tienen que ocupar, otros seguimos buscando nuestro huequecito, disfrutando al máximo de todo lo que nos sucede, las palabras, las emociones, las personas...seguiré con firmeza las señales de mi destino, allá donde me lleven depositaré mi alma y mi corazón.